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Fecha: 17 -Agosto-2009

Syrigma: Komitas Vardapet

Acompañe a Sor Beatriz Alceda O.I.C en un recorrido por la música sacra.


Algo que siempre me ha llamado la atención es y ha sido el nacionalismo, un fenómeno que comenzó a darse a finales del siglo XIX y principios del XX. Verdaderamente es de alabar el esfuerzo que hicieron innumerables músicos y ‘artistas’ en general por retornar a las fuentes del folklor nacional de cada país y hacer vida, con nuevas aportaciones, las piezas artísticas que caracterizaron a cada pueblo. Pero, en contraste con este gran florecimiento de gente dedicada al rescate de las raíces propias, tenemos pocos, muy pocos nacionalistas que volvieron la mirada a la música sacra, profundizaron en sus raíces, su folklor y promovieron su rescate. Tal es el caso, en México, del gran músico, organista, compositor y musicólogo Miguel Bernal Jiménez (1910-1956) o del personaje del que hablaremos en esta ocasión: Komitas Vardapet.

Su nombre de pila fue Soghomon Soghomonyan y nació el 26 de septiembre de 1869, por lo que próximamente celebraremos el 140° aniversario de su nacimiento. Su pueblo natal fue Ketaia, en Anatolia, Turquía. Su padre fue zapatero y su madre tejedora. Se dice que ambos tenían una hermosa voz y brillantes aptitudes musicales que obviamente heredaron y transmitieron a sus hijos. De hecho la vida parroquial en torno a la cual giraban todas las actividades del pueblo estaba en gran parte vitalizada por la música. Muchos de entre los familiares pertenecían al coro de la Iglesia. Aun así, la niñez de Soghomon estuvo marcada por fuertes sufrimientos. Hacia 1880 muere Gevorg, su padre y su madre había ya muerto al año de su nacimiento. En su biografía encontramos testimonios de algunos compañeros de escuela y lo describen como un niño flaco, pálido, vestido muy pobremente, siempre con hambre y medianamente aplicado. Todos los testimonios concuerdan en sus grandes aptitudes musicales y en lo “armonioso de su voz”. El año 1881 fue decisivo en su vida: el sacerdote, párroco del pueblo fue ordenado obispo y trasladado a la gran ciudad de Echmiadzin. Antes de partir le pidieron llevarse con él, para su educación y formación a alguno de los veinte niños huérfanos que le presentaron y fue elegido nada menos que Soghomon, que a la sazón tenía 12 años. Acostumbrado a superar las dificultades no tuvo ningún problema en adaptarse a su nueva forma de vida y a fuerza de voluntad aprendió rápidamente el armenio, lengua oficial en Echmiadzin. Nuevamente su voz y sus cualidades musicales atrajeron las miradas de los que lo rodeaban. Sus mismos compañeros gustaban mucho de escucharlo cantar y con frecuencia le pedían que lo hiciera para ellos. Al paso de los años, en 1890 se le dieron las primeras órdenes y en 1893 fue ordenado sacerdote. Fue aquí donde cambió su nombre por el de Komitas, al que se le añade ‘Vardapet’ que significa ‘Padre o Paternidad’ (Padre Komitas).

Dadas sus habilidades dejó Echmiadzin para ir a Tiflis a estudiar música y más tarde lo encontramos en San Petersburgo estudiando en el conservatorio. Aquí se fue impregnando del estilo europeo de composición y tuvo sus primeros contactos con los centros musicales más famosos de aquella época, Berlín y París. Gracias al apoyo de sus superiores pudo viajar y hacer todo tipo de estudios musicales: armonía, composición, órgano, polifonía, etc., bajo la dirección de grandes maestros. Hacia 1895 Komitas comienza sus estudios superiores en el conservatorio de Richard Schmidt donde se especializó en composición, órgano, dirección y canto, al mismo tiempo que cursaba materias como historia, filosofía y estética. Y es en este punto de la vida de Komitas Vardapet en el que quiero que centremos un poco nuestra tención. Conforme iban avanzando los estudios, Komitas fue mostrando cada vez más un mayor interés en la música folklórica armenia, sus raíces, sus formas y su diferencia profunda con la música persa, la árabe o la turca. De hecho una de sus tesis la dedicó a la música kurda, demostrando así su gran conocimiento en el campo de la música del oriente medio. Como sacerdote se interesó ampliamente en el estudio de la música sacra y más tarde dedicó una gran parte de su tiempo a la investigación, rescate y difusión de la misma.

En 1899 Komitas regresó a Echmiadzin y comenzó una gran actividad musical en esa ciudad. Empezó a dar clases de música en el seminario de la ciudad, organizó una orquesta bien dotada y un coro de buen nivel de ejecución… en fin toda una renovación musical que obviamente llamó poderosamente la atención de sus contemporáneos, sobre todo de la jerarquía eclesiástica. Rápidamente Komitas retomó sus investigaciones, ahora más profundas, de las antiguas tonadas y melodías armenias, persas, turcas y kurdas. Asombra grandemente hasta dónde llegó en todo este trabajo monumental que poco a poco y con grandes esfuerzos iba publicando. Bajo su dirección se estrenaron obras que él mismo rescataba o componía bajo estas influencias.

La fama de Komitas como solista (ya sea como pianista o como barítono) y como director cruzó todas las fronteras europeas. Músicos como Gabriel Fauré o como Camille Saint-Saens se expresaban muy favorablemente de él. El mismo Claude Debussy exclamó en una ocasión después de un concierto: “¡Brillante, Padre Komitas, me inclino ante usted por ser un genio musical!”.

La figura de Komitas, por tanto, no pasó desapercibida en los escenarios europeos, ya como gran músico, ya como investigador y promotor de la música folklórica armenia. Pronto la Iglesia tuvo que tomar cartas en el asunto debido a varias situaciones irregulares en Komitas Vardapet y que no tardaron en escandalizar a unos y admirar a otros: el Padre Komitas dedicaba demasiado tiempo a la música profana, hacía estudios no muy compatibles con la doxología cristiana, no vestía como todo un presbítero (en realidad sólo acostumbraba un sencillo traje con corbata),… y un etcétera considerable de objeciones en su contra. Hay incluso testimonios que afirman algo parecido a lo siguiente: “Recuerdo todo de Komitas a excepción de lo referente a su sacerdocio…” Fuerte afirmación para un pensamiento decimonónico previo a las reformas de San Pío X. Poco logró resolverse la situación. El Padre Komitas vivió en continuos estiras y aflojes por causa de su excepcional forma de ser.

Fue por este y otros motivos que Komitas decidió en 1910 mudarse a la ciudad de Constantinopla con la esperanza de encontrar nuevos y favorables horizontes y tal vez menos hostilidad de parte de la jerarquía. Pero el escenario cambió muy poco y esto lo llenó de decepción. Aun así se dedicó a dar clases en el Conservatorio Nacional, fundó un enorme coro de 300 hombres, llamado “Gousan” y publicó mucho de sus investigaciones en torno a la música folklórica armenia. En cuanto a la música sacra, y muy a pesar de sus superiores, hizo grandes aportaciones y composiciones de diversa índole. Como ejemplos tenemos “Khorurd Khorin”, “Ter Voghormia” (“Oh Dios Sálvanos”), “Por los ríos de Babilonía” (pieza polifónica sobre un salmo), y su aportación sacra más importante: “Patarag” (La Liturgia). Komitas quiso hacer una liturgia renovada, purificada de toda influencia extranjera, que obviamente chocó con los cánones establecidos en ese entonces. Pero a mi juicio es digno de alabar el trabajo minucioso que realizó: fue de pueblo en pueblo anotando de la tradición oral cuanta tonada o melodía escuchaba y visitó a sacerdotes ancianos en las aldeas para que le tararearan todo cuanto les viniera a la memoria. Recopiló así cientos de piezas monódicas, libres de adornos innecesarios que luego pudo usar para trabajarlas polifónicamente. Todo un esfuerzo casi extenuante. La Iglesia Ortodoxa por entonces no aprobó el Patarag porque decía estar llena de secularismo que no correspondía al espíritu de la misma. Yo creo más bien que su pensamiento innovador y su gran deseo de volver a las fuentes mismas del canto llano, y específicamente del canto monódico armenio fue una forma muy genuina de adelantarse por mucho a las reformas que más tarde llevaría a cabo la Iglesia Católica en el Concilio Vaticano II (1962-1965) y que seguramente chocaban con el contexto y las ideas de la Iglesia Oriental de entonces. De todas formas y como sea Patarag no deja de ser una muy importante aportación litúrgica y musical para los pueblos armenios y para el cristianismo en general.

El trabajo musical de Komitas, que ya de por sí fue extenso y profundo, quedó como truncado por los acontecimientos que surgieron en Armenia a raíz de la I Guerra Mundial: el Genocidio por parte de los Turcos. En abril de 1915 Komitas, junto con todos los intelectuales de su país, fueron llevados a campos de concentración en Turquía donde eran poco a poco exterminados sin piedad. Por alguna razón todavía no muy concreta, Komitas pudo sobrevivir a esta barbarie pero según las versiones oficiales de sus contemporáneos, él perdió el juicio y enloqueció al presenciar las masacres y sufrir en carne propia los efectos de la crueldad turca. Hay muchas divergencias en torno a lo que aconteció a Komitas Vardapet. Lo cierto es que los 20 años que siguieron a estos acontecimientos fueron de completo silencio musical y en general en todos los aspectos, pasando de un hospital siquiátrico a otro y quedando su figura casi relegada al olvido. Finalmente, en un hospital siquiátrico de París, murió Komitas en un día incierto del mes de octubre de 1935, víctima de una infección en los huesos. Sólo después de su muerte se ha estudiado y valorado su persona y su trabajo y se ha publicado gran parte de su obra…

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