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Posts Tagged ‘El día que me quieras’

La OFUNAM presenta su tradicional Programa Mexicano ¡Tenemos boletos!

Partitura de ¡Ay! Jalisco, no te rajes de Manuel Esperón y Ernesto Cortázar / Fuente: musicnotes.com

La Orquesta Filarmónica de la UNAM, bajo la batuta de su director artístico Alun Francis, presentará el próximo fin de semana su tradicional programa mexicano (sábado 11, 20:00 horas, y domingo 12, 12:00 horas). En esta ocasión el concierto estará dedicado al compositor Manuel Esperón, una de las figuras más emblemáticas de la composición de musical en la industria del cine en México.

Nacido en el Distrito Federal, ha creado más de 500 partituras para películas. Su carrera inició con la escritura de la canción y tema de La mujer del puerto de Arcady Boytler. En particular se le recuerda por las canciones escritas para Jorge Negrete y Pedro Infante (muchas de ellas en colaboración con Ernesto Cortázar). Esperón también ha trabajado para los estudios en Hollywood y se ha dado tiempo para componer música de concierto. Su obra ha sido reconocida con el Ariel de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, entre otros premios.

El programa está integrado por la Suite maya, Carta de amor, Serenata tapatía, El día que me quieras, Mi cariñito, Amorcito corazón, Suite México 1910, Tequila con limón, A la orilla del mar, Flor de azalea, ¡Ay Jalisco no te rajes! y Yo soy mexicano de Manuel Esperón, el Concertino para órgano de Bernal Jiménez y Sones de mariachi de Galindo. El concierto contará con la participación del tenor José Luis Ordóñez y del organista Víctor Urbán.

En Clásica México tenemos 5 pases dobles para el concierto del sábado 11, cortesía de la Dirección General de Música de la UNAM. Si desean participar, envíen un correo electrónico a Clásica México y mencionen una película en la que haya trabajado Manuel Esperón. No olviden incluir su nombre completo. Los primeros  5 mensajes se harán acreedores a un pase doble. Los ganadores serán notificados por mail.

Homenaje a Manuel Esperón

Sábado 11 a las 20:00 horas y el domingo 12 a las 12:00 horas
Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario (Insurgentes Sur 3000, C.U.).
Boletos ($240.00, $160.00 y $100.00) en taquilla de la Sala
50% de descuento personal a maestros y estudiantes en general; ex alumnos y trabajadores de la UNAM; y jubilados del ISSSTE, IMSS e INAPAM con credencial vigente. Se aceptan las tarjetas de crédito y débito Visa, Visa Electron y MasterCard.
Acceso a niños mayores de 8 años de edad.
Informes: 5622 7113 y en el sitio de la
Dirección General de Música de la UNAM


Buenos Aires hora cero

Astor Piazzolla/ Fuente: www.musiclife.com.mx / Ilustración: Sam

Por Emilio Sánchez

Marzo otra vez. Volvemos a recordarte.Te echamos de menos: los que no te toleran y los que te idolatran. 89 hubieras cumplido si como Sabato hubieses sido longevo, pero hay gente que la vida se la bebe a borbotones.

Lefty te decían los irlandeses del barrio porque tenías buena zurda y arreglabas a puñetazos las diferencias. Y así, rengueando y todo, jugabas béisbol, nadabas, bailabas. A los 13 ya te habías cruzado con Gardel, le servías de intérprete en la urbe incomprensible y hasta hiciste tu debut cinematográfico cuando te invitó a aparecer en una secuencia de El día que me quieras. Fue en Nueva York, reposando en una anónima tienda de antigüedades, y no en Buenos Aires donde tu primer bandoneón te encontró.

Eras ya un muchacho cuando, con tus padres y hermanos, regresaste a la República Argentina, que entonces te parecía extraña. Tuviste que aprender de nuevo el idioma, las costumbres, habituarte a la comida. Pero el amor por el tango, ese -sin saberlo- nunca lo perdiste. Lo refrendaste aquella tarde en que en Mar del Plata escuchaste al Sexteto de Elvino Vardaro.

Un día, Miguel Caló, tocó en una confitería de la localidad. Sin saber cómo, te pasaste por la pensión donde se hospedaban los músicos y te largaste con ellos a Buenos Aires, con la bendición de tu padre, las lágrimas de tu madre y unos pesos en el bolsillo.

Noches en vela y días de pobreza, pero a los 20 ya tocabas el bandoneón en la orquesta de  Aníbal Troilo, la más grande del puerto. Pronto se te hizo poca cosa. Te aburriste como te hastiabas de todo. En los camerinos, mientras todos bebían caña, mate o hablaban de  grelas, escribías nuevos arreglos a viejas canciones, te ponías a jugar al contrapunto, injertabas fugas en los tangos. Aliviabas tu fastidio, destornillando el fuelle al bandoneón de los compañeros para que se les desarmara en medio de una milonga. Y entonces todos te querían partir la cara. Lo del bandoneón se perdonaba, pero lo de las fugas, lo de querer dejar al gordo Troilo para componer música clásica jamás. Renunciaste.

Te presentaste al premio Sevitzky y lo ganaste con tus Tres movimientos sinfónicos. Y porque eras así, se te antojó poner a conversar al arrabalero bandoneón con la elegante viola. Tres maestros tuviste: Nadia Boulanger, Ginastera y la ciudad de Buenos Aires con sus frías piezas de pensión, los cabarets, los cafetines, los viejos que caminaban por el puerto, los sonidos de las calles.

Tú, que con toda arrogancia te atrevías a decir que el tango era una cosa muy aburrida hasta que llegaste para revolucionarlo, en pleno 1968 -mientras el mundo se incendiaba- vendiste el auto con tal de estrenar María de Buenos Aires, tu operita que hablaba de grelas. Te ilusionaba que tu obra se escuchara en el año 2020 y tener un lugar en la historia con Gardel. Hoy eres el compositor latinoamericano más interpretado en el mundo.

Tus gustos eran pocos: la noche, las mujeres, cazar tiburones en Punta del Este. Porque  decías que mientras pudieras meterle el arpón al lomo de un escualo, había Piazzolla para rato. Así te alcanzó para escribir 3,000 piezas. Siempre fuiste un niño; te entusiasmabas cuando estrenabas un tango, un ensamble, una amante. Todas tenían su canción, al igual que tus perros, porque Mumuki no es nombre de mujer, sino como llamabas cariñosamente a una de tus mascotas.

A ti, Astor, te lo perdonamos todo: tu arrogancia y egoísmo, te perdonamos incluso que hayas aceptado cenar con el dinosaurio en su cueva, que hayas compartido el vino y el pan con Videla, en la Casa Rosada, mientras muchas madres buscaban los huesos de sus hijos sembrados por las montañas, valles y mares de Latinoamérica. Lo que no te disculpamos es que al silenciarse el bandoneón, nos hemos quedado frente al tiempo que antecede al alba, con el ladrido de los perros, el frío que cala y el sonido de las sirenas que inevitablemente nos recuerdan Buenos Aires a la hora cero, sin Piazzolla.

Publicada en la edición de marzo de 2010 de la revista Music Life Magazine.