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Horacio Franco presenta Las Estaciones de Haydn en el Festival de México

20070716042638-horacio-francoEl próximo viernes 27 de marzo Horacio Franco, la Filarmónica de la Ciudad de México y la Cappella Cervantina interpretarán el oratorio Las Estaciones de Haydn, en uno de los últimos eventos de la edición 25 del Festival de México en el Centro Histórico. A propósito de esta próxima presentación, reproducimos una entrevista que realizó Emilio Sánchez al músico mexicano con motivo de sus 30 años de carrera. Este trabajo apareció publicado en la revista Music Life Magazine en el mes de marzo de 2008.

ES: Eres un músico de múltiples vocaciones: interpretas, impartes clases, diriges. ¿Qué disfrutas más?

HF: Todo tiene su medida y su grado de satisfacción. Hay cosas que son más arduas, que te exigen más energía e incluso más preparación. Ese cariz polifacético que tengo me da la oportunidad de explorar bastantes aspectos de la comunicación humana, que es lo que más me satisface. Disfruto mucho de cada una de las facetas, siempre y cuando haya esa comunicación. Me fascina dirigir, dar clases, ensayar, dar conciertos y tener contacto con el público. Es muy agotador, pero disfruto de la interacción.

ES: Después de 30 años de carrera, ¿hay algo que te falte hacer?

HF: Me apasiona mucho la dirección y me falta ya tener una orquesta propia. Es muy difícil, en un país como México, contar con una orquesta con una plataforma ejecutiva. Las orquestas estatales tienen múltiples problemas, pero también tienen su continuidad garantizada. Lo que me faltaría es precisamente contar con esa infraestructura, que me permita crear una agrupación de música barroca seria… que no sea un ensamble ocasional. No es que tenga algo en contra de las orquestas ocasionales. En México hay muchas y de muy buena calidad, pero ya nos hace falta una orquesta de música barroca. Nos hace falta dar ese salto para tener una infraestructura musical un poco más completa. Se requiere un ensamble dedicado a la música del siglo XVII, XVIII e incluso el XIX temprano, una orquesta con instrumentos originales como las que se formaron en Europa hace treinta años.

ES: El 12 de abril (de 2008) celebraste 30 años de carrera con un concierto en Bellas Artes. ¿Cómo se escoge el repertorio para un concierto tan especial?

HF: Es muy difícil. Cuando cumplí 25 años escogí un repertorio muy espectacular. Los 30 años tienen otro tipo de trascendencia; representan la entrada a la madurez emocional y musical. Cuando cumples 30 años de vida empiezas a ser una persona madura, ya no eres un muchacho. Musicalmente ya no soy un muchacho.

En primer lugar escogí la gran Sonata en si menor de Bach, que interpreté con José Suárez, gran amigo y clavecinista. Esta sonata es una de las obras más profundas que se ha escrito en la historia de la música. Frans Brüggen hablaba de un misterio que tiene esa sonata; la catalogaba como la obra más difícil de entender y de ejecutar. También presenté con Fabián Espinosa, que se ha convertido en un clavecinista muy solvente, el disco que grabamos con las 6 Trío sonatas BWV 525 a 530. Con mi inseparable colega y admirado contrabajista Víctor Flores presenté algo de repertorio nuevo. Seguiremos haciendo estas mezclas de Bach, danzones y Beatles, pero también intepretamos algunos preludios del Clave bien temperado. Como puedes ver, el programa giró mucho en torno a Bach, que es el compositor barroco por excelencia. El otro gran genio es Vivaldi. De él toqué tres conciertos con Erika Dobosiewicz, Víctor Flores y miembros de la Capella Cervantina.

ES: Evidentemente para construir una carrera como concertista se necesita tener ciertas dotes musicales y mucho trabajo para desarrollarlas. ¿Se requiere algo más, se requiere cierto temple?

HF: Se necesita mucha perseverancia, pero también mucha mística para intentar que tu trabajo no se quede nada más en el “hueso”. Mucha gente me lo ha tomado a mal, pero lo digo sin ningún ánimo despectivo. En todo el mundo los músicos tenemos que sobrevivir, y no hay que culparnos por eso. Lo mismo Bach que Vivaldi pudieron haber “hueseado” en un momento dado. El ritmo de producción de la música ha propiciado que en ocasiones los músicos sólo busquen ser eficientes y se consideren obreros altamente calificados. Hay una gran diferencia entre ser artista y ser obrero… por eso muchas orquestas han tenido tantos problemas, como la de Seattle o la Filarmónica de Berlín, en su momento con Karajan. A veces, los músicos que sí son artistas se sienten utilizados por los directores, se sienten rebasados por la cantidad de obras que tienen que tocar en una semana. Se sacrifica la experiencia artística y vivencial por producir música a destajo. Tuve la oportunidad de verlo cuando toqué con Saint Martin in the Fields. Los músicos después del ensayo se iban a tocar a una función de La bella y la bestia , y después tenían una grabación. No es culpa de los músicos… repito: tenemos derecho a vivir bien, pero en algunos momentos la cuestión de la producción nos rebasa.

ES: ¿Hay obras que estés reservando para otro momento de tu carrera?

HF: Lo estuve dudando mucho con el jazz porque es otro tipo de pensamiento, otra clase de escuela. La improvisación en el barroco la domino bastante bien, pero la improvisación en el jazz se hace con patrones diferentes. También me estoy reservando dirigir música del siglo XIX, como la de Brahms, que me fascina. No es que no me sienta capaz sino que no se ha presentado la oportunidad.

ES: ¿Qué representó trabajar con Eduardo Mata?

HF: A Eduardo Mata, y algunos me lo tomarán a mal, lo considero el mejor director posible para música muy cerebral, muy intelectual, música en la que las líneas de expresión dependen mucho de la fuerza rítmica y los colores melódicos. Me refiero a compositores como Stravinsky, que trabajan la polirritmia y la multitonalidad, compositores tan intelectuales como Chávez y Revueltas. Son compositores con los que Mata se identificaba mucho y dirigía magistralmente. Para mí no hay mejor director de Stravinsky, Copland o Revueltas que Mata, pero cuando trabajé con él los Conciertos de Brandeburgo de Bach, ciertamente no era la música que mejor le quedaba. Mata lo analizaba demasiado como se hubiera analizado una obra de Stravinsky. Tenía muy bien planeada sus voces internas y la cuestión del colorido rítmico (en ese sentido era inigualable), pero le faltaba contemplar a Bach desde el punto de vista de la melodía gregoriana, de la cual desciende directamente… el coral luterano que emana de la polifonía sacra renacentista y que contiene líneas de expresión gregorianas, pero con una retórica absolutamente emocional y planificada. Mata no consideraba esos aspectos e hizo un poco infructuosas nuestras interpretaciones de Bach. A Mata lo considero el non plus ultra de los directores mexicanos, inigualable para dirigir cierta música, pero no a todos nos queda toda la música. Cuando escuchas a Karajan dirigir Mozart te das cuenta que no entendía por dónde iba el hilo de Mozart.

ES: Has tocado con la Filarmónica de Berlín, la Academia de Saint Martin in the Fields, la Sinfónica de Birmingham, por mencionar sólo algunas. ¿Con qué director ha sido más complicado trabajar?

HF: Con Ton Koopman fue un poco difícil trabajar. Lo admiro, es un estupendo músico, pero no concordamos en muchas cosas. No por tener la misma escuela debemos coincidir en idiosincrasia y visión de la música. Koopman estudió con Leonhardt. En un momento que no estuvieron de acuerdo, Koopman se peleó a golpes con Leonhardt. Se odiaron a muerte durante muchos años. No sé ahora cómo esté su relación. En la música nadie tiene la última palabra y nadie tiene la razón. Dentro de la misma escuela puede haber resultados espléndidos. Por ejemplo acabo de tocar en Monterrey con el Combattimento Consort de Ámsterdam. Hacía mucho que no tocaba con gente de mi misma escuela. Me encantó cómo tocaron, les encantó cómo toqué. Tiene que ver mucho la personalidad. He trabajado con directores maravillosos como Nicholas Mc’Gegan y todo ha funcionado muy bien.

ES: ¿Cuál es el estado de salud de la escena mexicana? ¿Ha cambiado algo en estos 30 años?

HF: Tenemos un gran potencial de músicos jóvenes que estamos desperdiciando. En México nos sobra gente con talento, pero nos falta una gran dosis de disciplina. Tenemos uno de los públicos más cálidos y agradecidos del planeta. Esa es nuestra carta fuerte, nuestra bendición. Cuando un artista extranjero viene a México se asombra de la calidez del público. Lo que ahora necesitamos es brindar interpretaciones de más calidad para hacer más exigente al público mexicano.

Una de nuestras responsabilidades como músicos es entender que debemos hacernos cargo de nuestras carreras y no depender al 100% del Estado. Hay que saber buscar las oportunidades. En México hacen falta gestores culturales independientes que representen a los músicos, para que exista un mercado musical más sano y menos estatizado. En ese sentido el programa de trabajo que presentó recientemente Sergio Vela se me hizo muy coherente. Tenemos que encontrar una combinación equilibrada entre la participación de la iniciativa privada y el Estado.

ES: ¿Qué le dirías a los jóvenes que van empezando, que están ingresando a los conservatorios?

HF: Estudiar música no es ningún sacrificio. Hay tal competitividad en el mundo que, si quieren ser buenos músicos, deben dedicarse mucho… tienen que saber dónde radican sus talentos, pero también cuáles son sus carencias. Alguien que tiene buena voz, pero que no afina, va a tener muchos problemas para conseguir un trabajo decente en cualquier compañía de ópera del mundo. Es muy importante que planeen qué desean hacer con su vida musical y cómo piensan vivir de la música. Muchos alumnos dejan que la vida los lleve… a veces les salen oportunidades. Si los padres tienen dinero les compran la carrera, pero el destino no se puede comprar con nada. No se deben saltar procesos que forman parte de su bagaje musical, intelectual y espiritual. Nada es gratis, aunque tengas mucho talento. El que tiene talento tiene que trabajar tan duro como el que no lo tiene.

ES: El año pasado, por iniciativa de un columnista del Washington Post, Joshua Bell tocó de incógnito (ataviado con una gorra de béisbol y una sudadera), en una plaza de aquella ciudad. Tú hiciste un experimento similar en el metro de la Ciudad de México…

HF: No fue culpa del entrevistador, pero estuvo un poco mal planeado, porque se tendría que haber amplificado el sonido. El ruido en los trenes es tal que la gente que viajaba en los vagones no escuchaba nada. Era como tocar la flauta con un paño adentro. En los pasillos, efectivamente, la gente me reconoció.

ES: Me da la impresión que a veces el principal enemigo de la escena de la música de concierto es la escena misma. Cuando algún músico comienza a vender muchos discos, a ser reconocido en la calle, se le empieza a mirar con cierto recelo. ¿Consideras que ser popular es faltarle el respeto a la música de concierto?

HF: Si ese éxito no es un fuego fatuo y te lo has ganado a pulso durante años, ese éxito vale la pena. En algunos países la música clásica se ha vuelto “música de buenas costumbres” para “gente de buenas costumbres” y eso le ha costado mucho público joven. En México, en Venezuela, en Latinoamérica sucede lo contrario: el público joven es un público vivo, interesado. Estaríamos desaprovechando este público si tuviéramos esa misma visión que existe en algunos países desarrollados. Los países desarrollados no se atreven a sacar a varios Joshuas Bell al metro por miedo. La cuestión del management en esos países es una cuestión tan cerrada, obtusa, obsoleta y anquilosada. Los que hacen la música y los programadores de música clásica suelen ser muy reaccionarios. No se atreven a hacer cosas nuevas, no tienen nada de fantasía, nada de mentalidad abierta. No se atreven a hacer discos como Del Medioevo al danzón. Yo tengo en México un público muy abundante de la clase trabajadora, pero la música clásica la ponen tan en el Parnaso, en las salas de concierto, en la ética de las “buenas costumbres,” que dificultan el acceso.

ES: Recientemente la violinista Tasmin Little emuló a la banda Radiohead, y puso disponible, de forma gratuita, su nuevo disco a través de su sitio Web ¿Te preocupan los nuevos modelos de distribución de la música?

HF: Es una cuestión de difusión… las ventas por Internet y las descargas están muy de moda, aunque todavía mucha gente prefiere el disco físico, el booklet. A mí me gustaría hacer algo similar. Sé que no voy a ganar nada más que prestigio; voy a alimentar la curiosidad de la gente, que es lo que hace que la audiencia vaya a los conciertos.

ES: ¿Realmente es tan difícil grabar en México?

HF: Sí, grabar discos es muy difícil. Es costoso. Requieres un muy buen productor. En México apenas estamos empezando a tener buenos productores. En ciudades como el Distrito Federal grabar es muy agotador, porque hay mucho ruido. Si quieres grabar en algún lugar con muy buena acústica, como alguna iglesia del Centro de la ciudad, tienes que empezar a la una de la mañana. Eso lo hace difícil y costoso.

No se graba tan poco. Se están empezando a producir muchas grabaciones auspiciadas por el Fonca. Más difícil que la producción es la distribución. Los puntos de venta son muy limitados. La distribución también es difícil en los países desarrollados, prueba de eso es la quiebra de Tower Records. Además en esos países viven otro tipo de problemática. ¡El público se está muriendo! Es público viejo que ya no se interesa tanto por comprar discos.

Los discos son muy caros, particularmente los de música contemporánea. Hay mucha gente que le gusta y que no puede pagarlos. Yo he visto grabaciones piratas de mis discos en el metro. Me afecta a mí, le afecta a la disquera, pero por otro lado entiendo que en verdad hay gente que no puede pagar un disco de $100.00.

ES: ¿Dejan dinero las grabaciones, cuál es la motivación para grabar?

HF: No. Ni aquí ni en los países desarrollados se puede pensar vivir de las grabaciones. La grabación pasa por una cadena productiva. A veces a las mismas disqueras les cuesta recuperar los gastos, por eso muchos artistas de la música pop están pagando sus propias producciones. De hecho mi última grabación la pagué yo y la voy a distribuir a través de Quindecim.

ES: Decía Rostropovich que su preparación como director la recibió de los directores con los que trabajó como intérprete. ¿Cómo ha sido tu proceso de formación como director?

HF: Empecé como director gracias a una iniciativa de Sergio Vela, cuando en 1993 se creó La Capella Cervantina. Nunca pensé que me fuera a gustar tanto. Me sedujo la idea. Formé un grupo de mucha trascendencia y calidad. Por ahí circularon Juan Manuel Lara, Federico Bañuelos, Ana Lara, Eugenia Ramírez. Quindecim mismo hizo su primera grabación con un disco de La Cappella. La dirección me ha dejado muchas satisfacciones. Yo no tengo técnica de director de música del siglo XIX. El director de la orquesta de música barroca es un director más como Harnoncourt, gente que aprende a ser un comunicador de ideas, una personalidad líder, un catalizador de las emociones de los músicos, que es la forma de trabajar que a mí me interesa… una idea más relacionada con la nueva dirección orquestal del siglo XXI en la que el director no pretende ser un dictador sino un conciliador. Eso me parece una gran aportación de la música no sinfónica… a diferencia de lo que sucedía con directores como Karajan o Bruno Walter, excelentes directores con una gran técnica y un gran acervo, musical, intelectual y cultural, pero a los que tenías que obedecer ciegamente. No había ningún tipo de discusión sobre sus ideas. Ningún músico se atrevía a discutir nada. Ahora, en grupos más pequeños, es más fácil tener colaboración de los músicos con los que estás trabajando. Ha cambiado mucho la dirección.

ES: ¿Cómo ha sido el proceso de construir un nuevo repertorio para el instrumento?

Ha sido un proceso que me ha dejado otro tipo de satisfacciones. Me refiero a cambiar la idea, que se tenía en el medio mexicano, de que la flauta de pico era un instrumento apto sólo para la música antigua. Hace 21 años se empezó a cambiar este panorama, a partir del trabajo que hice con Mario Lavista, a partir de que escribió Ofrenda. Empecé a gestionar más obras con otros compositores. El resultado es la escritura de aproximadamente 40 obras: el concierto de Marcela Rodríguez, el de Ana Lara… Hay una futura comisión con el maestro Eduardo Gamboa que estrenaré con la Orquesta de Minería, que también celebra 30 años.

ES: ¿Existe algún músico con el que desees trabajar?

HF: Un sueño sería tocar con Gustav Leonhardt, al que admiro mucho, aunque ya es muy mayor y pertenecemos a generaciones muy distintas. También me gustaría trabajar con Gidon Kremer. El problema de la música clásica es que ni están todos los que son, ni son todos los que están. En Holanda había muchos clavecinistas de la edad de Leonhardt, que fueron tan buenos como él y que no hicieron carrera. Hay muchos músicos menos conocidos que no le piden nada a los consagrados.

ES: ¿Y algún músico de la escena de la música popular?

HF: Me hubiera gustado trabajar con Freddie Mercury. También con Keith Jarrett.

ES: ¿Qué escuchas cuando quieres descansar un poco?

HF: Muy pocas cosas que no sean Bach. Oigo Vivaldi mucho. Me gusta Brahms, Chopin. Me encanta Mahler, Bruckner, pero la verdad le soy incondicional a Bach. Cuando estoy en el gimnasio me la paso escuchando en mi i Pod cantatas de Bach. No me puedo resistir a las cantatas de Bach.

Las estaciones de Franz Joseph Haydn
Director: Horacio Franco
Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, Capella Cervantina, Katia Reyes, Leonardo Villeda y Vladimir Rueda
Viernes 27 de marzo / 19:00 horas / Catedral Metropolitana / $300

Para mayores informes consulta el sitio del Festival de México en el Centro Histórico.

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