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28 años del Cuarteto Latinoamericano

Cuarteto Latinoamericano/Foto: Sergio Yazbek/Fuente: www.cuartetolatinoamericano.com

Integrado por los hermanos Bitrán (Arón, Saúl y Álvaro) y Javier Montiel, el Cuarteto Latinoamericano se fundó en 1981. Elogiado por publicaciones como el Times de Londres, el New York Times, The Strad, Chamber Music America y Fanfare, no existe otra agrupación que haya estrenado y grabado más música latinoamericana para cuarteto de cuerdas. Su calidad los ha llevado a presentarse en los principales centros musicales del mundo y a compartir el escenario con personalidades como el violonchelista János Starker, los guitarristas Narciso Yepes y Manuel Barrueco, el tenor Ramón Vargas, los directores Eduardo Mata y Esa-Pekka Salonen y los pianistas Cyprien Katsaris y Rudolf Buchbinder. El Cuarteto Latinoamericano también se ha destacado por su infatigable labor docente, realizada principalmente en México y los Estados Unidos.

Según refiere Consuelo Carredano en su libro Cuerdas Revueltas, el Cuarteto Latinoamericano se presentó por primera vez al público en la Sala Julián Carrillo de Radio UNAM, el 12 de marzo de 1982. En Clásica México, no deseamos dejar pasar la oportunidad de celebrar a una de las agrupaciones más vitales y trascendentes de nuestra escena musical, así que les ofrecemos la transcripción de una charla que Emilio Sánchez realizó a Arón Bitrán, violinista y fundador del ensamble, en su departamento de la Ciudad de México y en la que conversan sobre la trayectoria de la agrupación y el quehacer del músico de cámara.

E. S.: Quizá te parezca extraño, pero me gustaría iniciar esta entrevista preguntándote ¿cómo te hiciste seguidor del Atlas?

A. B.: (Ríe) Durante tres años la familia vivió en Brasil porque mi padre tuvo que trasladarse por motivos de trabajo a aquel país. El gusto por el fútbol me viene justo de ese tiempo. Es imposible vivir en Brasil sin volverte aficionado. Al regresar, me hice seguidor de la Universidad de Chile, un equipo muy popular allá. Como sabes, en 1973 tuvimos que viajar a México después del golpe militar y casi al mismo tiempo que llegamos el Atlas contrató a un extremo chileno muy bueno, habilidoso y gambetero. Se llamaba Pedro Araya. De manera natural, comencé a ver los partidos del Atlas y desde entonces me hice su aficionado.

E. S.: En algún momento los miembros del Cuarteto fueron atrilistas en diversas orquestas, pero finalmente optaron por formar su propio ensamble. ¿Se necesita cierta valentía para dedicarse a la música de cámara?

A. B.: Efectivamente, se requiere cierta valentía. Empecé en el cuarteto a los 25 años; no estaba casado ni tenía responsabilidades. Es muy difícil para un músico que ya tiene familia lanzarse al vacío como hicimos nosotros. Se nos hizo fácil. En la orquesta ganaba aproximadamente 1,000 dólares. Pensé que pronto iba a poder percibir esa cantidad con el cuarteto. 27 años después, ganamos mucho mejor que si fuéramos atrilistas, pero no ha sido sencillo. No es fácil ni siquiera ahora que el Cuarteto goza de cierto reconocimiento. Hay que proponer nuevos proyectos todo el tiempo… hacer trabajo de oficina. Eso en cuanto a lo económico. En lo que se refiere a lo artístico, hay que mantenerse en buena forma, trabajar mucho. Si no es así, muy pronto se empieza a notar… lo notan tus compañeros y el público. En las orquestas se requiere de un mantenimiento menor… a menos que seas primer corno o primer clarinete. El cuarteto demanda más preparación, tiene mayor nivel de exigencia. Yo cada año toco tres o cuatro conciertos para mantener un buen nivel: Sibelius, Brahms, Beethoven…

E. S.: A lo largo de casi tres décadas de carrera han pasado por diversos momentos cruciales. Quizá uno de los más importantes fue cuando Jorge Risi decidió regresar a su natal Uruguay. ¿Qué tan complicado fue decidir buscar un nuevo primer violín y decir adiós al miembro más maduro del cuarteto en aquel entonces?

A. B.: Jorge tenía la intención de viajar a México dos o tres meses al año y seguir formando parte del Cuarteto, pero nosotros no queríamos una agrupación que se reuniera ocasionalmente para tocar. Lo que deseábamos  era explorar nuevo repertorio y dedicarnos profesionalmente a esta labor. No queríamos conformarnos con interpretar uno o dos cuartetos de Beethoven, sino tal vez tocarlos todos. Jorge lo entendió muy bien. Fue una separación de común acuerdo… un feliz divorcio. Ofrecimos un concierto con él en Montevideo por los 25 años del Cuarteto y fue un buen reencuentro.

E. S.: ¿Recuerdas otro momento particularmente complicado?

A. B.: Sí, claro… Joel Thome había sido nombrado nuevo director de la escuela de música de la Universidad de Carnegie Mellon, en Pittsburgh. Él conocía nuestro trabajo y nos invitó a formar parte del equipo docente como cuarteto residente. El problema fue que quería que dejáramos todas nuestras actividades en México y empezáramos de inmediato. Sin embargo, había un sin fin de cosas por realizar antes. Nuestras esposas tenían que arreglar sus asuntos profesionales… estaba la cuestión de las escuelas, de los hijos. Afortunadamente llegamos a un acuerdo.

Otro momento complejo fue cuando resolvimos regresar a México en 1993. Ser nombrados cuarteto residente en Carnegie Mellon representó una gran oportunidad de trabajo que nos dio estabilidad, pero en ningún momento pensamos en cambiar nuestra residencia de forma permanente a los Estados Unidos. Así que, después de unos años, por fin resolvimos regresar a México. Fue difícil porque nuestra situación en la universidad era muy favorable e incluso en los Estados Unidos el Cuarteto había sido muy bien recibido. Además, Saúl decidió seguir viviendo en los Estados Unidos, porque su esposa se había adaptado ya a la vida en aquel país. Así que no teníamos idea sobre qué iba a pasar. Existía el riesgo de separarnos. Entonces no sabíamos que el Cuarteto iba a poder funcionar aún cuando sus integrantes vivimos en dos países distintos y en cuatro ciudades diferentes.

E. S.: ¿En qué momento decidieron explorar la obra de compositores latinoamericanos?

A. B.: Durante su primer exilio político, Jorge Risi estuvo en Alemania e hizo algunos contactos que años después aprovechó para arreglar una pequeña gira del Cuarteto Latinoamericano por Europa. Estamos hablando de los comienzos de la agrupación en los que Jorge fue el motor. Para aquellos conciertos, decidimos ofrecer un poco del repertorio romántico, obras más contemporáneas y finalmente música latinoamericana; así que preparamos algo de Brahms, Bartók y Ginastera. Para nuestra sorpresa, la interpretación que hicimos de la música del argentino gustó y fue bien recibida por la crítica. Así que nos dimos cuenta que había una gran veta por explotar.

E. S.: Ustedes han interpretado y grabado la obra para cuerdas de los más importantes compositores latinoamericanos, han estrenado piezas y colaborado con importantes directores, orquestas, solistas… su discografía es impresionante… ¿qué le hace falta hacer al Cuarteto Latinoamericano?

A. B.: Nunca nos hemos planteado esa pregunta. En lo personal no me veo interpretando ciertas obras para palomear en el currículum. A nosotros lo que siempre nos han interesado y motivado son los proyectos. En ocasiones nos llega una obra de algún compositor renombrado, la revisamos y pensamos que francamente no nos parece tan buena. A veces nos llega una obra de un estudiante que nos sorprende gratamente y decidimos tocarla.

E. S.: Hace un par de años la Orquesta de Minería y la Filarmónica de la Ciudad de México celebraron 30 años de existencia, Horacio Franco llegó a tres décadas de carrera… ustedes cumplieron 27 años juntos. En ese periodo, al final de la década de los 70 y principios de los 80, estaban sucediendo cosas en la escena mexicana, se estaban fundando orquestas, festivales, ensambles. ¿En qué momento crees que nos encontramos ahora?

A. B.: Es correcta tu apreciación. Ese periodo de bonanza petrolera del país fue de mucha actividad. También tuvo que ver la mano de Carmen Romano, primera dama durante la presidencia de José López Portillo. Con todo lo criticable que puede ser el hecho de que una persona concentre tanto poder, a nosotros los músicos nos benefició. Ahora estamos en un tiempo de más austeridad. Las instituciones no tienen suficientes recursos y la iniciativa privada no acaba de animarse a participar por convicción propia, más allá de los incentivos fiscales que da el recibo deducible de impuestos. Aunque hay actividades y existen apoyos (nosotros hemos recibido varios a lo largo de nuestra trayectoria), sigue haciendo falta que las distintas instituciones se vinculen. Por ejemplo, recuerdo que ya hace muchos meses tocamos con Manuel Barrueco en la UNAM, y estamos seguros que la Universidad hizo su trabajo de difusión, pero la entrada no fue lo que esperábamos. Quizá hizo falta que se enviaran carteles a cada una de las escuelas… que los alumnos se enteraran que un intérprete de la importancia de Manuel se iba a presentar. Yo siempre trato de involucrarme en la difusión de los conciertos del Cuarteto. Por experiencia propia sé que cuando no participo, en ocasiones, los resultados no son favorables.

E. S.: Saúl Bitrán escribió en Clásica México que, después de más de 25 años de carrera, el Cuarteto aún tiene que perseguir los pagos por los cursos y conciertos que brinda, pasa más tiempo en aviones y aeropuertos que tocando y, finalmente, la parte más sencilla de su trabajo sigue siendo subir al escenario.

A. B.: Es muy cierto lo que dice Saúl. Todavía tenemos que perseguir los pagos y pasamos muchas horas en los aviones. Hay una anécdota que ilustra muy bien lo que comentas. Hace unos meses nos contrataron para tocar en Ankara, Turquía. Estábamos en el aeropuerto en Viena, el día mismo del concierto. Faltando unos cuantos minutos para abordar, un funcionario nos avisó que no podíamos viajar a Turquía sin visa. Saúl no enfrentó ningún problema porque tiene pasaporte estadounidense, pero los demás sí. Entonces decidimos comunicarnos por teléfono con el organizador del concierto a ver si él podía agilizar el trámite y enviarnos la visa por telex. El hombre habló con el ministerio de cultura y, después de mucho esperar, nos hizo llegar el documento autorizado. ¡El problema fue que ya no había vuelos! La única opción era abordar un avión que iba a llegar a Ankara dos horas después de la hora programada para el inicio del concierto. Volvimos a hablar con el organizador y nos dijo “no se preocupen ustedes tomen el avión yo le voy a explicar al público”. Finalmente aterrizamos en Ankara y ya nos estaba esperando una camioneta y un motociclista de la policía que nos abrió paso. Por supuesto no pudimos recoger el equipaje. Llegamos en tenis, sin rasurar, sin habernos dado un baño. Nos sentíamos muy incómodos, pero todo cambió en cuanto subimos al escenario y nos pusimos a tocar. Fue como decir por fin terminó esto, por fin estamos haciendo lo que sabemos hacer que es tocar. El público nos esperó y fue muy agradecido.

E. S.: Hace un tiempo entreviste a Horacio Franco con motivo de sus 30 años de carrera. Entre otros temas hablamos de su relación de trabajo con Eduardo Mata al que consideraba el mejor director para compositores muy cerebrales como Stravinsky o Chávez, pero no para Bach. En el caso del Cuarteto Latinoamericano, ¿qué representó para ustedes trabajar con Mata?

A. B.: Siento no coincidir con mi querido amigo Horacio Franco. Creo que Mata abordó de gran manera a cada compositor. Quizá Horacio, que se ha especializado en la música barroca, tenga una opinión distinta a la mía. Recuerdo que nos comentaba que no estaba de acuerdo en la forma en que Mata interpretaba la música de ese periodo y que en Europa se estaba tocando de una forma distinta. Creo que Mata entendía la música barroca aún más de lo que Franco creía. Trabajar con Eduardo Mata, a nivel musical y a nivel personal, es algo que ha marcado al Cuarteto. Él es una referencia constante. No existe día en el que por cualquier motivo, al ensayar o revisar alguna partitura, Mata deje de salir a colación.

E. S.: ¿Existe algún otro músico que recuerdes de forma especial?

A. B.: En la historia del Cuarteto Latinoamericano hay muchos músicos con los que ha sido muy grato trabajar: Janos Starker, Yepes… con Ramón Vargas por su sencillez y su calidad. Siempre es muy vibrante trabajar con César Olguín. Con Manuel Barrueco hemos desarrollado una amistad entrañable.

E. S.: En la presentación de la grabación de la integral para cuerdas de Chávez, Sergio Vela, entonces Director de Música de la UNAM, mencionó que en alguna ocasión te preguntó por qué habías decidido ser el segundo violín del cuarteto y no el primero. Ahora te lo vuelvo a preguntar.

A. B.: Quizá hubiera sido lógico que una vez que Risi dejó el Cuarteto, yo que era el mayor tomara la posición de primer violín. Así había sido con el Cuarteto Bitrán, este ensamble familiar que teníamos en Chile y en el que mi padre, violista aficionado, formaba parte. En aquel cuarteto yo era el primer violín y Saúl el segundo. Pero eso implicaba cambiar las estructuras con las que ya nos habíamos acostumbrado a trabajar y que funcionaban bien. Es también una cuestión de personalidad.

E. S.: ¿Qué ha sido más complicado: recuperar repertorio ya existente en Latinoamérica o desarrollar uno nuevo?

A. B.: En términos generales el trabajo es muy parecido; finalmente implica el análisis de la obra. Nosotros tenemos unas 30 piezas, que tocamos en los foros internacionales y sabemos son bien apreciadas y recibidas, y otro grupo de 300 que sólo tocamos en México porque poseen un interés histórico. Sin embargo, trabajar con compositores vivos te brinda la oportunidad de interactuar con ellos y realizar comentarios sobre las obras que les permiten adecuar ciertos pasajes.

E. S.: ¿Es difícil construir y mantener un público para la música de cámara?

A.B.: Es difícil. Quizá sea más sencillo hacer que una persona vaya por primera vez a un concierto con música sinfónica que a uno con un cuarteto. No importa la obra que se interprete, el poder de la masa orquestal siempre resulta atractivo. También tiene que ver con el hecho de que los compositores suelen reservar sus pensamientos más íntimos para la escritura de música de cámara. Pero una vez que la gente le toma el gusto, creo que se vuelva cada vez más aficionada. Además se establece una relación más personal con el músico, un vínculo más cercano. Los melómanos te ubican más. No es lo mismo ver a un cuarteto en una sala pequeña que ubicar al último atrilista entre 50 músicos.

E. S.: Me parece que en México aquellos intérpretes realmente exitosos son los que han tomado la responsabilidad de administrar su carrera y participar en la difusión y en la mercadotecnia.

A.B.: En Estados Unidos es igual. Nosotros tenemos un agente que se dedica básicamente a negociar el mejor precio por los contratos. En realidad, nosotros somos quienes debemos conseguir las presentaciones, los proyectos, los apoyos. Todos los días le dedico al menos un par de horas al trabajo de oficina. Es parte del Cuarteto. Los demás integrantes hacen lo mismo. No sé cómo sería dedicarse exclusivamente a tocar. No te lo puedo decir porque no lo he experimentado.

E. S.: ¿Piensas que existe una edad propicia para que un intérprete se retire?

A. B.: Jamás me lo he planteado. El Cuarteto no puede durar por siempre. Pienso que seguiré mientras continúe tocando medianamente bien, me sienta fuerte y tenga salud. Es cierto que hoy que tengo 52 años me canso más en los viajes que cuando tenía 30. Quizá dentro de 10 años volvamos a hablar del asunto y piense distinto, pero mientras tenga el gusto por tocar y la energía vamos a seguir. Por ahora no puedo pensar en retirarme porque yo vivo de la música. Si dejara de tocar no tendría otra actividad de la que pudiera vivir. No soy bueno para comerciar. No puedo hablar de fútbol. Así que mientras tenga que seguir pagando la colegiatura y la renta seguiré tocando.

E. S.: ¿Qué le dirías a los muchachos que se están inscribiendo a los conservatorios?

A. B.: La música requiere mucha disciplina y dedicación, dos cosas que no atraen a los niños y jóvenes actualmente. Les diría que vean en la música de cámara una oportunidad para emplearse. Cuando se tiene entre 15 y 25 años es momento de invertir tiempo y esfuerzo en desarrollar la técnica, después se vuelve complicado. Con frecuencia vemos a ejecutantes que sufren mucho porque no tuvieron esta formación. Finalmente, tocar un instrumento es una actividad psicomotora, igual que lo es el fútbol. Se tiene que aprender la técnica a una edad propicia. Después de los 25 se pueden aprender otras cosas, más teoría, pero las cuerdas requieren que se les dedique tiempo. Si se tiene una formación sólida, incluso te puedes dar el lujo de que los integrantes de un mismo cuarteto vivan en ciudades distintas y se reúnan sólo para tocar.

E. S.: Ahora mismo en China millones de jóvenes están estudiando violín y piano en los conservatorios. ¿Crees que la escena mundial estará dominada en el futuro por los músicos asiáticos?

A. B.: Yo preferiría verlo distinto. A mí lo que me parece muy rescatable de esos millones de chinos estudiando piano y violín no es el hecho de que puedan desarrollar 30 o 40 grandes talentos, sino que le estén brindando a muchos niños y jóvenes la posibilidad de tener una educación musical, una educación integral. La música te permite tener un desarrollo neurolingüístico más completo, mejorar tu coordinación, desarrollar tu personalidad. Mi hija tiene 21 años y no se dedica a la música. No creo que mis otros hijos vayan a ser ejecutantes pero me da gusto que hayan tenido una educación musical.

E. S.: ¿Siempre escuchas música de concierto?

A. B.: Me gustan Bartók y Brahms. Cuando no estoy escuchando música de concierto escucho mucha bossa nova clásica… Elis Regina, Antonio Carlos Jobim. Me gusta mucho la música brasileña… Chico Buarque. Tengo todos sus discos. Mi esposa es chilena y le gusta mucho Víctor Jara, entonces también lo escuchamos al igual que a mi hija cantar canciones de los Beatles.