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Buenos Aires hora cero

Astor Piazzolla/ Fuente: www.musiclife.com.mx / Ilustración: Sam

Por Emilio Sánchez

Marzo otra vez. Volvemos a recordarte.Te echamos de menos: los que no te toleran y los que te idolatran. 89 hubieras cumplido si como Sabato hubieses sido longevo, pero hay gente que la vida se la bebe a borbotones.

Lefty te decían los irlandeses del barrio porque tenías buena zurda y arreglabas a puñetazos las diferencias. Y así, rengueando y todo, jugabas béisbol, nadabas, bailabas. A los 13 ya te habías cruzado con Gardel, le servías de intérprete en la urbe incomprensible y hasta hiciste tu debut cinematográfico cuando te invitó a aparecer en una secuencia de El día que me quieras. Fue en Nueva York, reposando en una anónima tienda de antigüedades, y no en Buenos Aires donde tu primer bandoneón te encontró.

Eras ya un muchacho cuando, con tus padres y hermanos, regresaste a la República Argentina, que entonces te parecía extraña. Tuviste que aprender de nuevo el idioma, las costumbres, habituarte a la comida. Pero el amor por el tango, ese -sin saberlo- nunca lo perdiste. Lo refrendaste aquella tarde en que en Mar del Plata escuchaste al Sexteto de Elvino Vardaro.

Un día, Miguel Caló, tocó en una confitería de la localidad. Sin saber cómo, te pasaste por la pensión donde se hospedaban los músicos y te largaste con ellos a Buenos Aires, con la bendición de tu padre, las lágrimas de tu madre y unos pesos en el bolsillo.

Noches en vela y días de pobreza, pero a los 20 ya tocabas el bandoneón en la orquesta de  Aníbal Troilo, la más grande del puerto. Pronto se te hizo poca cosa. Te aburriste como te hastiabas de todo. En los camerinos, mientras todos bebían caña, mate o hablaban de  grelas, escribías nuevos arreglos a viejas canciones, te ponías a jugar al contrapunto, injertabas fugas en los tangos. Aliviabas tu fastidio, destornillando el fuelle al bandoneón de los compañeros para que se les desarmara en medio de una milonga. Y entonces todos te querían partir la cara. Lo del bandoneón se perdonaba, pero lo de las fugas, lo de querer dejar al gordo Troilo para componer música clásica jamás. Renunciaste.

Te presentaste al premio Sevitzky y lo ganaste con tus Tres movimientos sinfónicos. Y porque eras así, se te antojó poner a conversar al arrabalero bandoneón con la elegante viola. Tres maestros tuviste: Nadia Boulanger, Ginastera y la ciudad de Buenos Aires con sus frías piezas de pensión, los cabarets, los cafetines, los viejos que caminaban por el puerto, los sonidos de las calles.

Tú, que con toda arrogancia te atrevías a decir que el tango era una cosa muy aburrida hasta que llegaste para revolucionarlo, en pleno 1968 -mientras el mundo se incendiaba- vendiste el auto con tal de estrenar María de Buenos Aires, tu operita que hablaba de grelas. Te ilusionaba que tu obra se escuchara en el año 2020 y tener un lugar en la historia con Gardel. Hoy eres el compositor latinoamericano más interpretado en el mundo.

Tus gustos eran pocos: la noche, las mujeres, cazar tiburones en Punta del Este. Porque  decías que mientras pudieras meterle el arpón al lomo de un escualo, había Piazzolla para rato. Así te alcanzó para escribir 3,000 piezas. Siempre fuiste un niño; te entusiasmabas cuando estrenabas un tango, un ensamble, una amante. Todas tenían su canción, al igual que tus perros, porque Mumuki no es nombre de mujer, sino como llamabas cariñosamente a una de tus mascotas.

A ti, Astor, te lo perdonamos todo: tu arrogancia y egoísmo, te perdonamos incluso que hayas aceptado cenar con el dinosaurio en su cueva, que hayas compartido el vino y el pan con Videla, en la Casa Rosada, mientras muchas madres buscaban los huesos de sus hijos sembrados por las montañas, valles y mares de Latinoamérica. Lo que no te disculpamos es que al silenciarse el bandoneón, nos hemos quedado frente al tiempo que antecede al alba, con el ladrido de los perros, el frío que cala y el sonido de las sirenas que inevitablemente nos recuerdan Buenos Aires a la hora cero, sin Piazzolla.

Publicada en la edición de marzo de 2010 de la revista Music Life Magazine.