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El diario de trabajo de Carlos Perón Cano

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Carlós Perón Cano es un joven y prolífico compositor español cuyas obras han sido interpretadas y estrenadas por diversos músicos y ensambles en España, México, Perú, Francia, Inglaterra, Italia, Austria, Alemania, Turquía y Malasia.

A invitación expresa de Clásica México, Perón Cano gentilmente ha accedido a compartir con nuestros visitantes cómo transcurren sus jornadas de trabajo. Durante los próximos días, será posible acompañarlo hasta su espacio más íntimo para conocer más sobre su quehacer como compositor. Nunca antes habíamos tenido la posibilidad de mirar tan cerca la labor de un creador, una oportunidad que no debemos perder.

18 de septiembre de 2009

Hoy me he levantado por la mañana con ideas frescas en la cabeza para trabajar en mi obra Discurso I para trompa y orquesta de cuerda. La pieza constará de un solo movimiento y estará escrita en estilo atonal. Siempre me he planteado navegar en varias estéticas musicales; creo que es la mejor manera de poder expresar más ampliamente tus ideas y sentimientos. Mientras escribo, recibo una petición de encargo (vía e.mail) para escribir una obra para mezzosoprano y marimba para un percusionista afamado en Alemania; me comenta que quiere hacer mi obra en México y Bélgica el año que viene en una gira. ¡Es una gran noticia!

Durante la mañana interrumpo mi trabajo compositivo para hacer ciertas labores del hogar, como comprar algo de comida y pasear a mis mascotas Kira y Aída, dos cocker de pura raza.

La obra Discurso I se me plantea atrevida y como un reto formal, ya que quiero hacer un planteamiento distinto; la trompa, al ser un instrumento transpositor, también implica considerar la cuestión de las alturas. Aunque parezca que no tiene nada que ver, tengo en mi cabeza los conciertos para trompa de Mozart, obras maestras en su género. Esta obra en la cual trabajo ahora, Discurso I para trompa y orquesta de cuerda, será mi opus 275 de catálogo. Tras media hora, recibo la llamada de un violinista amigo mío, desde hace tiempo, que quiere tocar mi Sonata no.7 para violín y piano en Barcelona. Otra buena noticia, la verdad.

A medio día debo interrumpir mi trabajo, ya que tengo que preparar los alimentos, porque mi mujer llega del trabajo. Como buen amo de casa pongo la cubertería. La comida transcurre tranquilamente, contándonos los momentos más destacados de nuestras respectivas jornadas. Pienso en lo diferente que es un trabajo de oficina y nuestra labor de compositor; la verdad que en ciertos aspectos somos agraciados, entre otras cosas por no tener que obedecer a un jefe malhumorado.

Más tarde retomo el trabajo de creador y sigo con la nueva obra. Empiezo a meditar sobre su comienzo y veo que ha sido bueno… con buen material motivico-temático y la textura de las voces que dará mucho juego más adelante. Estoy satisfecho.

Por la tarde debo dejar de escribir ya que tengo que dar clase de violín a varios alumnos. Esta labor me llevará el resto de la jornada, así que hasta mañana no podré volver a retomar la obra. Por la noche pienso un instante nuevas ideas para el día siguiente.

Nota del editor: Un instrumento transpositor es aquel cuya altura de la nota no corresponde con la nota escrita en la partitura. Es decir, que sus sonidos son tan graves o agudos que de escribirlos en la altura correspondiente sería necesario utilizar líneas adicionales en el pentagrama lo que dificultaría su lectura.

19 de septiembre de 2009

Hoy por la mañana he retomado la obra para trompa y orquesta de cuerda. Paso bastante tiempo viendo las posibilidades y el potencial del material del comienzo, en la exposición de ideas. En hoja aparte apunto y tomo nota de posibles texturas para futuras secciones.

A media mañana hago un pequeño break, para descansar, y mientras me tomo un café cappuccino, escucho el 1º tiempo del Concierto no.3 para trompa y orquesta de W. A .Mozart. ¡Qué maravilla!

He recibido una invitación para asistir a un concierto en el Auditorio Nacional en Madrid para escuchar el estreno del concierto para violín y orquesta (1976) de Leo Brouwer, y su concierto de Requiem para guitarra y orquesta de cuerda, que creo es su no.11. Es un autor que de siempre me ha gustado mucho. Mi padre, profesor de guitarra, desde que recuerdo ha tocado la música de Brouwer, y es por ello que la conozco bien.

Después del descanso, retomo el trabajo de compositor. Avanzo unos pocos compases y recibo una llamada telefónica, que no consigo saber de quién es porque llego tarde al aparato. ¡Cuando uno compone está abstraído de la realidad! Al cabo de unos minutos me vuelven a llamar y ahora sí lo descuelgo a tiempo. Es un guitarrista estadounidense que me recuerda que me había pedido una pequeña obra para su instrumento sobre un tema musical madrileño. Quiere hacerla en varios conciertos y grabarla en los Estados Unidos. Le comento que sí, que la tendré lista en breve. Otra vez vuelvo a la composición y trabajo más sobre la líneas de la trompa. Es un instrumento muy versátil e interesante. Tras un rato de trabajo llega mi mujer y cierro las ideas para seguir mañana. Hoy tenemos visita y por la tarde-noche vamos a Madrid a cenar con amigos; es la “Noche Blanca” y todos los museos y auditorios de música están abiertos hasta tarde. Hay mucha gente por las calles y todo el mundo está de fiesta. Volvemos muy tarde y nos acostamos a las 4 a. m. Mañana retomaré la obra y seguiré con el trabajo.

20 de septiembre de 2009

Hoy trabajo poco por la mañana, ya que no me encuentro muy bien; he dormido mal por culpa de una molestia en la garganta. El único avance en la obra para trompa y orquesta ha sido en varias secciones aisladas, sólo la parte de orquesta. Después de unos minutos de trabajo recibo el e.mail de una revista musical española para escribir un ensayo para el próximo número de octubre; confirmo con ellos el tema y me pongo a trabajar en ello. El artículo tratará sobre la música de vanguardia, los pros y los contras en la sociedad actual. Quizá haya sido muy crítico, pero creo que ha quedado bien. Antes de mandarlo a la redacción de la revista se lo cuento a Gonzalo Noqué, un guitarrista amigo mío, para saber su opinión.

Hoy mi mujer a tenido un examen extraordinario en la Universidad para poder optar al puesto de maestra; ha estado varios días nerviosa por ello, pero ha salido contenta del examen.

Después de comer me tumbo en la cama, con cierto dolor de garganta y escucho los conciertos Elegíaco y de Toronto de Leo Brouwer, dos obras realmente interesantes.

Este viernes iré a ver al maestro Brouwer al Auditorio Nacional de Madrid a escuchar sus conciertos para violín y orquesta y el no.11 para guitarra y orquesta (su último compuesto), titulado concierto de Requiem.

Tras esto recibo la llamada de una compositora, Raquel Rodriguez, amiga mía, para contarme que va a tener un estreno con la Orquesta Filarmónica de Turín. ¡Enhorabuena por ello! Yo tuve el año pasado un estreno con ésta misma orquesta, y es buena, suena muy bien.

Hoy por la tarde voy a dar una clase particular de violín y armonía. Espero recuperarme de mi dolencia en la garganta, y para ello estoy tomando una medicina. No estar sano impide poder pensar bien en la música.

Quiero retomar lo antes posible el trabajo sobre Discurso I para trompa y orquesta de cuerda. Me acuesto pronto para poder aprovechar la mañana del día siguiente.

21 de septiembre de 2009

Hoy me levanto algo mejor de la garganta, pero con un poco de congestión nasal. Tras un buen desayuno caliente y el aseo matutino, retomo el trabajo en la obra para trompa y orquesta de cuerda. Después de media hora, se me plantea el dilema: puedo cerrar un final de sección con un proceso de tensión o distensión. Ambos son válidos teniendo en cuenta el punto donde me encuentro. Medito sobre ello, y al final opto por la distensión, ya que quiero ir a una nueva sección con un “solo” de trompa. Recibo una llamada de mi madre para hacer un recado casero y me marcho por unos minutos. Siempre es saludable distanciarse de la obra temporalmente para retomarla con energía. Aunque estoy haciendo este recado, en mi cabeza suena música y hay pensamientos; siempre suena música en mi cabeza.

Al volver, retomo un poco la composición, y después me pongo a hacer la comida. Mi mujer estará a punto de llegar y todavía no he preparado nada. Creo que tocará para comer espaguetis carbonara y un buen filete de ternera; de postre chocolate con menta, que es el preferido de Andrea. No hay nada mejor que llenar el estómago, je, je.

Por la tarde no escribo, ya que vamos a ver a unos amigos de la época del conservatorio. Todos ellos estudiaron conmigo en armonía y composición. No todos se han mantenido en el duro trabajo de escribir música; la tarde se alarga hasta la cena y volvemos a casa a las 23 horas. Nos acostamos un poco después.

22 de septiembre de 2009

Hoy por la mañana tengo que ir a Madrid, a la biblioteca del Conservatorio Superior de Música. Quiero buscar la partitura de una obra de Shostakovich, su Trío no.1 para violín, violonchelo y piano. Quiero analizarla y no tengo la partitura. De paso echaré un vistazo al catálogo de obras para trompa.Todo esto me lleva la mañana completa, ya que vivo en un pueblo a las afueras de Madrid.

Hoy la comida está compuesta de albóndigas en su salsa, con champiñones y ensalada de lechugas variadas. Justo antes de comer recibo una llamada de la SGAE para invitarme a una presentación de un festival de música contemporánea en la sala Manuel de Falla, pero no podré asistir por trabajo. Es una lástima, la verdad.

Cosa curiosa es que mi mujer se ha encontrado, yendo por la calle, un billete de 20 euros. Hoy debe ser su dia de suerte, je, je. Después de comer he visto el noticiario; noticias desalentadoras como de costumbre.

Nada mejor para subir el ánimo y la autoestima que escribir música, y me pongo a ello. Voy casi por la mitad de la obra, y lo que llevo escrito me convence, me resulta acertado. Siempre he creido que el autor debe sentirse feliz durante el acto creador, debe amar lo que va creando, porque realmente escribir música es un acto de amor, de amor a los demás. Por eso mismo nos sentimos felices y orgullosos cuando los demás se emocionan con nuestra música. Me atasco un poco en una melodía de la trompa, pero resuelvo el problema y continuo. Ahora emprendo una ligera reexposición como forma de cerrar una sección. Hoy por la tarde debo dar clases de violín y armonía, y es por ello que dejo la obra para mañana.

Por la noche nada especial: cenar, un poco de TV y a dormir.

23 de septiembre de 2009

Me despierta por la mañana la llamada de teléfono de mi maestro, para decirme si podemos vernos por Madrid centro esa misma sobre las 11. Claro está que quiero, y me levanto animado. Ya no puedo escribir en toda la mañana, así que lo dejaré para la tarde.

David del Puerto es un compositor de gran talento, premio Nacional de la música. Ya en Madrid nos vemos en un café de la calle Alcalá y charlamos de música. Ahora tiene el encargo de una Ópera y está trabajando en ello con empeño.

Yo la verdad que al día de hoy no me planteo escribir una ópera, me parece fascinante pero agotador. Me deja un CD con música de Aaron Copland, uno de sus compositores preferidos.

Nada más volver a casa preparo la comida, que hoy va a ser sopa castellana de fideos y algo de chorizo del pueblo de mi abuela. Al poco tiempo llega mi mujer del trabajo y comemos juntos.

Tras tomar un café de postre y ver un poco la tv, retomo la labor de escribir música; la obra ya ha pasado el ecuador y voy de camino al final. Trabajo la textura de una parte orquestal y otra donde suena a la vez la trompa y la orquesta. La verdad es que ambos empastan muy bien; me gustan especialmente los instrumentos de viento metal.

Trabajo más o menos 1 hora y me llaman por teléfono; es aquel guitarrista americano que me había pedido una obra con tema madrileño. Me comenta que se marcha a Suiza a dar unos conciertos y que quiere verme a la vuelta.

Después de esto retomo el trabajo; hoja aparte tomo nota de varias posibilidades melódicas para la trompa en un pasaje determinado; quiero hacer una heterofonía con el orquesta y jugar con esos sonidos en la trompa. Salgo airoso de este planteamiento y trabajo un poco más.

Esta tarde debo dar clase de armonía a varios alumnos, así que por hoy es suficiente.

24 de septiembre de 2009

Hoy me he levantado un poco tarde, porque no he podido dormir bien; he tenido pesadillas y no he conciliado bien el sueño. Desayuno mientras veo el telediario matutino. Hoy las políticos en el Parlamento han estado discutiendo por la economía. ¡Qué aburrido!

Me pongo a escribir a eso de las 11. Quiero darle el empujón final a la obra en cuanto al planteamiento. Esta será la segunda obra que escriba para trompa y orquesta, después del concierto que escribí hace unos años.

Trabajo en una sección antifonal entre orquesta y trompa, a modo de contestaciones alternadas. Lo más rico e interesante es trabajar las texturas orquestales; una sola melodía o gesto puede ser el germen de toda una nueva sección.

Llaman al portero automático; es el cartero. Bajo a por las cartas y veo que he recibido un sobre. Es un disco de un dúo estadounidense formado por oboe y guitarra. Junto al CD me mandan también una carta donde me comunican sus deseos de que me guste su grabación y, si me animo, les escriba una obra.

Tras todo esto continúo trabajando un poco más. Acto seguido voy con mis mascotas a dar un paseo y a despejar mi cabeza; cuando uno ha estado muy concentrado necesita desconectar un poco. Mientras paseo mi madre me llama al móvil.

Hoy hemos comido fuera de casa, en un restaurante VIPS; por Madrid hay muchos, y nos gusta bastante. Es un lujo no tener que lavar los platos después de comer, je, je!

De vuelta a casa retomo por poco tiempo la obra para trompa y orquesta de cuerda, trabajando casi una hora, ya que tengo que marcharme a dar clase de violín. Lo malo del trabajo es que a veces te interrumpe la composición, pero hay que ganar dinero, ¡qué remedio!

Por la noche antes de acostarme escucho un CD con música de Benjamin Britten, uno de mis compositores ingleses favoritos.

Mañana más……..

25 de septiembre de 2009

Para compensar el día de ayer, que me levanté tarde, hoy he madrugado. He estado trabajando toda la mañana hasta las 13:30 horas en la obra para trompa y orquesta de cuerda. La verdad que he aprovechado bastante. He llegado al final de la obra, y ahora toca hacer repasos y revisiones. Siempre hay alguna alteración accidental que se corrige o alguna dinámica que se le ha pasado a uno durante la composición, pero en general estoy contento con la nueva obra. El final es un decrescendo hasta el penúltimo compás, donde de manera brusca retoma el 1º compás en fortísimo, a modo de sorpresa. La sorpresa en la escucha musical siempre es un elemento expresivo fuerte, me gusta mucho.

Vuelvo a repasar la obra por segunda vez y saco las partes instrumentales en el ordenador; yo utilizo el programa FINALE 2005, que es muy completo y profesional. El lunes iré al SGAE a entregar la obra, para que esté registrada.

Para celebrar el final de mi nueva obra he comprado para el postre, después de comer, unos bollos rellenos de chocolate y fresa, que a Andrea le gustan bastante, y a mí más, ¡je, je!

Hoy por la tarde voy a ir al Auditorio Nacional a escuchar tres obras de Leo Brouwer; una obra para orquesta, su concierto para violín y orquesta (que es estreno en España) y su concierto de Requiem para guitarra y orquesta. La verdad que me hace mucha ilusión escuchar estas obras. Salgo de una clase de violín a toda prisa para ir al Auditorio; tengo 3 entradas a mi nombre y tengo que recogerlas a tiempo. Me acompaña mi mujer y Gonzalo, un colega. En el hall del Auditorio me encuentro con algunos compañeros del conservatorio, sobre todo guitarristas.

Salimos a las 21:45 horas, y el concierto nos ha gustado mucho, la verdad. La música de Leo Brouwer es muy dinámica y alegre. Me ha firmado el programa de concierto y he comprado un CD con su música.

Después vamos a un Foster a cenar, con otro amigo mío, Luis, y tras esto nos vamos a casa, a descansar.

Este fin de semana no haré gran cosa. Creo que me merezco un descanso por el trabajo que he hecho ¿no crees?

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